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lunes, 12 de abril de 2010

Romance de la derivada y el arcotangente

Veraneaba una derivada enésima en un pequeño chalet situado en la recta del infinito del plano de Gauss, cuando conoció a un arcotangente simpatiquísimo y de espléndida representación gráfica, que además pertenecía a una de las mejores familias trigonométricas.

En seguida notaron que tenían propiedades comunes.

Un día, en casa de una parábola que había ido a pasar allí una temporada con sus ramas alejadas, se encontraron en un punto aislado de ambiente muy íntimo. Se dieron cuenta de que convergían hacia límites cuya diferencia era tan pequeña como se quisiera. Había nacido un romance. Acaramelados en un entorno de radio épsilon, se dijeron mil teoremas de amor.

Cuando el verano pasó, y las parábolas habían vuelto al origen, la derivada y el arcotangente eran novios. Entonces empezaron los largos paseos por las asíntotas siempre unidos por un punto común, los interminables desarrollos en serie bajo los conoides llorones del lago, las innumerables sesiones de proyección ortogonal.

Hasta fueron al circo, donde vieron a una troupe de funciones logarítmicas dar saltos infinitos en sus discontinuidades. En fin, lo que eternamente hacían los novios.

Durante un baile organizado por unas cartesianas, primas del arcotangente, la pareja pudo tener el mismo radio de curvatura en varios puntos. Las series melódicas eran de ritmos uniformemente crecientes y la pareja giraba entrelazada alrededor de un mismo punto doble. Del amor había nacido la pasión. Enamorados locamente, sus gráficas coincidían en más y más puntos.

Con el beneficio de las ventas de unas fincas que tenía en el campo complejo, el arcotangente compró un recinto cerrado en el plano de Riemann. En la decoración se gastó hasta el último infinitésimo. Adornó las paredes con unas tablas de potencias de “e” preciosas, puso varios cuartos de divisiones del término independiente que costaron una fortuna.

Empapeló las habitaciones con las gráficas de las funciones más conocidas, y puso varios paraboloides de revolución chinos de los que surgían desarrollos tangenciales en flor. Y Bernoulli le prestó su lemniscata para adornar su salón durante los primeros días. Cuando todo estuvo preparado, el arcotangente se trasladó al punto impropio y contempló satisfecho su dominio de existencia.

Varios días después fue en busca de la derivada de orden n y cuando llevaban un rato charlando de variables arbitrarias, le espetó, sin más:

- ¿Por qué no vamos a tomar unos neperianos a mi apartamento? De paso lo conocerás, ha quedado monísimo.

Ella, que le quedaba muy poco para anularse, tras una breve discusión del resultado, aceptó.

El novio le enseño su dominio y quedó integrada. Los neperianos y una música armónica simple, hicieron que entre sus puntos existiera una correspondencia unívoca. Unidos así, miraron al espacio euclídeo. Los astroides rutilaban en la bóveda de Viviany… ¡Eran felices!

- ¿No sientes calor? – dijo ella

- Yo sí. ¿Y tú?

- Yo también.

- Ponte en forma canónica, estarás más cómoda.

Entonces él le fue quitando constantes. Después de artificiosas operaciones la puso en paramétricas racionales…

- ¿Qué haces? Me da vergüenza… – dijo ella

- Te amo, yo estoy inverso por ti… ¡Déjame besarte la ordenada en el origen…! ¡No seas cruel…! ¡Ven…! Dividamos por un momento la nomenclatura ordinaria y tendamos juntos hacia el infinito…

El la acaricio sus máximos y sus mínimos y ella se sintió descomponer en fracciones simples.

(Las siguientes operaciones quedan a la penetración del lector).

Al cabo de algún tiempo la derivada enésima perdió su periodicidad. Posteriores análisis algebraicos demostraron que su variable había quedado incrementada y su matriz era distinta de cero.

Ella le confesó a él, saliéndole los colores:

- Voy a ser primitiva de otra función.

El respondió:

- Podríamos eliminar el parámetro elevando al cuadrado y restando.

- ¡Eso es que ya no me quieres!

- No seas irracional, claro que te quiero. Nuestras ecuaciones formaran una superficie cerrada, confía en mí.

La boda se preparó en un tiempo diferencial de t, para no dar que hablar en el círculo de los 9 puntos.

Los padrinos fueron el padre de la novia, un polinomio lineal de exponente entero, y la madre del novio, una asiroide de noble asíntota.

La novia lucía coordenadas cilíndricas de Satung y velo de puntos imaginarios.

Oficio la ceremonia Cayley, auxiliado por Pascal y el nuncio S.S. monseñor Ricatti.

Hoy día el arcotangente tiene un buen puesto en una fábrica de series de Fourier, y ella cuida en casa de 5 lindos términos de menor grado, producto cartesiano de su amor.

sábado, 3 de abril de 2010

50 Geniales Razones Para estudiar Ingeniería



Muchas veces nos ponemos a pensar que carrera nos gustaría hacer, hay carreras vocacionales, como la medicina, o ser astronauta. La ingeniería es una de ellas, si no te gusta, no tienes nada que hacer. Aquí les propongo una serie de motivos que me han llevado a ser ingeniero. Si te gustan, puedes hacerte ingeniero sin problemas.



01- Porque dormir más es vivir menos.

02- Porque el látigo y la cera caliente en el pecho ya me aburrían.

03- Porque he escuchado todos mis CD's en una noche.

04- Porque he escuchado el mismo CD 80 veces en una noche.

05- Porque sé modular, seccionar y calcular todo lo que tenga por delante.

06- Porque puedo ver espacio donde tú sólo ves vacío.

07- Porque la vida son 4 días y a mi me sobran 3.

08- Porque no sabía qué hacer con mi tiempo libre.

09- Porque soy masoquista.

10- Porque no sabía donde me metía.

11- Porque era joven e inexperto.

12- Porque me lo merezco.

13- Porque mi madre me quiere en casa.

14- Para dejar la calle.

15- Por amor al arte.

16- Porque yo lo valgo.

17- Porque yo crearé tu mundo.

18- Porque yo decidiré dónde vivirás.

19- Porque nací pobre.

20- Porque el red bull es adictivo.

21- Porque necesitaba saber cuánto alcohol puedo beber.

22- Porque era la primera carrera en el librito informativo.

23- Porque la ingeniería es un gran hermano q siempre te rodea.

24- Por qué… por qué... por qué!!?? Eso me pregunto yo a todas horas.

25- Porque me encanta cenar cuando veo amanecer.

26- Porque yo te crearé una realidad para que vivas en tus mentiras.

27- Porque estaré estudiándola muchos años.

28- Porque es chingón eso de tener 4 ó 5 horas de examen y que aún te falte tiempo.

29- Porque sólo en esta carrera puedo estar haciendo esto hasta los 40.

30- Porque fue una revelación y me sabía mal no hacerle caso.

31- Porque me encanta pasar horas y horas rayando a 45º y luego ver el mismo 4 de siempre estampado en mi lamina.

32- Porque me di un golpe en la cabeza y vi tantas estrellas, que pensé que tenía visión espacial.

33- ¡¿Ingeniería?!... ¿pero esto no es turismo?… ya decía yo que trabajaba demasiado.

34- Porque llevar gafas es de modernos y programar durante 3 horas contribuye a ello.

35- Porque un croquis vale mas q mil palabras.

36- Porque dudaba entre esto o la legión.

37- Porque me gusta escuchar música.

38- Porque quería inventar una paranoia que ni los psicólogos pudiesen encontrar solución.

39- Porque me encanta usar las carpetas como armas “aparta-gente” en los autobuses.

40- Porque las pobres papelerías no podrían sobrevivir sin nosotros.

41- Porque de algo hay que morir, y como no fumo…

42- Porque sé calcular el centro de gravedad y el eje de giro de cualquier cosa que se caiga a mi alrededor.

43- Para tener batallitas que contarles a mis nietos.

44- Porque es una carrera estupenda e incomparable, ¿esto lo leen los profesores?

45- Porque…mmm… ¿por qué?…oops, creo que tengo un problema, no tiene ningún porque lógico, mierda!

46- Manda PORQUE al 6666 y recibirás una estupenda razón para hacerte Ingeniero.

47- Porque no tenia vida social antes de entrar, así que me he ahorrado perderla ahora.

48- Porque quiero quedarme ciego para ser pensionista.

49- Por que creo en las nubes rosas.

50- Porque siempre he sido aficionado al material de papelería y así obligo a mis padres a pagármelo.

Dedicado a todos los ingenieros, que no somos pocos.